Domingo,
11 de abril. 18:00 horas. Salgo a la
calle y veo el United Center. Inmenso, majestuoso. Apenas me separan de él
cinco minutos a pie. Es la segunda vez que veo la estatua de Michael Jordan en
persona. El monumento, dedicado al mejor jugador de todos los tiempos, es la
señal inequívoca de que estás a punto de entrar en uno de los templos del
baloncesto mundial.
La
aventura NBA podría haber empezado el pasado 3 de abril con un Chicago Bulls –
Detroit Pistons, pero quedó aplazada porque no llegaron los datos para la
acreditación. Volvía, una semana después, a la misma puerta: Gate 3 1/2. Seguía sin tener
confirmación oficial y no sabía si mi acreditación iba a estar lista. El temor
de volver para casa sin poder entrar estaba más que presente. Abrí la puerta y pasé
el habitual control de seguridad. El siguiente paso era mostrar el pasaporte al
personal que reparte los pases del partido. Hasta que llegó a la letra ‘G’, de
González, no respiré tranquilo. La miopía es una cosa que siempre me acompaña,
pero esta vez la precisión para ver mi nombre fue espectacular. Se me escapó
una ligera sonrisa en la cara. No me lo creía. Iba a entrar al United Center
para cubrir un partido de los Chicago Bulls.
Cuando
uno es un niño, siempre tiene sueños. Desde pequeño siempre me ha gustado mucho
el baloncesto, y si hay un jugador al que he admirado por encima del resto, ese
es Pau Gasol. A este hecho hay que sumarle que desde que tengo uso de razón,
siempre me ha fascinado el periodismo, en especial, el deportivo. Y si acotamos
más la selección, el periodismo relacionado con el baloncesto. Dicho esto, os
podéis imaginar lo que supone para un servidor presentarse en el United Center
de Chicago, donde un tal Michael Jordan ganó seis anillos de campeón, y acceder
al pabellón para ver un partido de los Bulls… con Pau Gasol en la pista.
El
salto inicial lo dejaremos para más adelante. Se produjo alrededor de las
19:15h, pero yo ya estaba allí antes. A las 18:20 horas ya caminaba, o mejor
dicho, iba perdido por los entresijos del United Center. A medida que avanzaba,
vi el vestuario local. Luego, el visitante. También un pasillo que conducía al
ascensor que debía llevarme hasta la séptima planta, lugar donde está la Press Box y desde el que vería el partido. Pero para eso
todavía faltaba mucho.
Seguí
moviéndome por el pabellón y di con la sala de prensa. Abrí la puerta y empecé
a reconocer rostros. No eran jugadores, tampoco entrenadores..
Eran periodistas. Me llamó la atención K.C. Johnson, periodista del Chicago Tribune que cubre el día a día
de los Bulls. Con mi 1’90m siempre he mirado a la gente hacia abajo, pero en
este caso, KC me podía tutear. No estuve
mucho tiempo más en la sala de prensa. El justo para descubrir que había
bebidas y snacks gratis. Quería seguir descubriendo lugares. Y decidí subir
hasta la séptima planta, no sin antes esperar durante más de diez minutos al
ascensor. Me sorprendió el hecho de compartir ascensor con los aficionados. Es tan
grande el United Center que los aficionados de las últimas filas ni se plantean el subir a pie.
| Así ve uno los partidos desde la zona de prensa del United Center |
El
reloj se acercaba a las siete de la tarde, pero sabía que el partido tardaría en
empezar. Antes tocaba escuchar el himno nacional de los Estados Unidos, un
clásico antes de cada evento deportivo. Lo iba a interpretar el coro de niños de
Barrington. Sin compartir ese espíritu tan patriótico que acompaña a los estadounidenses,
el himno me emocionó.
Pasaban los minutos y sabía que el siguiente acto era la presentación. Se apagaron las luces y el speaker
anunció el cinco inicial de los Philadelphia 76ers. No era el equipo soñado para
el estreno NBA, pero qué se le iba a hacer. JaKarr Sampson, Jason Richardson,
Robert Covington, Jerami Grant y Furkan Aldemir. Ese era el cinco escogido por
Brett Brown para empezar el partido.
Las
luces volvieron a encenderse. Apareció Taj Gibson en el videomarcador e inició la
cuenta atrás. 5, 4, 3, 2, 1… y el United Center se quedó a oscuras. De repente el
videomarcador se iluminó y apareció la recreación clásica de los toros virtuales pasando por
los lugares más ilustres de la ciudad. Y
de repente, sonó Sirius, de The Alan Parsons Project. Acto seguido,
emergió la voz del speaker: Aaaaaaand now.
The starting line-ups for your Chicago Bulls. Y el primero era Pau Gasol: At forward, seven feet from Spain… Pau Gasol.
Luego, turno para Mike Dunleavy; Joakim Noah, The man in the middle; Jimmy Butler… y el hijo pródigo, Derrick
Rose. El público enloqueció. Era el primer partido de Rose en el United Center desde
finales de febrero y en el ambiente había ganas de volver a ver a la estrella de
los Bulls en casa.
Estaba todo listo. Pau Gasol y Jerami Grant pelearon por el primer balón. Como era de
esperar, fue Gasol quien ganó el salto y Rose el que manejó el primer ataque del
partido, que acabó en triple de Jimmy Butler. Gasol no tardó en anotar su
primera canasta del partido con un mate tras asistencia de Noah. Los primeros
dos puntos que veía de Pau en una pista NBA.
En
lo meramente deportivo, el partido en sí no fue una maravilla. Los Bulls se sabían
superiores y sestearon durante gran parte del encuentro. Si hubo alguien que no
se lo tomó a broma, ese fue Gasol, que con 14 puntos y 7 rebotes en el tercer cuarto,
fue el mejor jugador de Chicago. 24 puntos y 13 rebotes en total, el doble
doble número 52 de la temporada, el que le garantiza acabar como líder en ese
aspecto estadístico de toda la NBA. Se convierte en el más veterano en liderar
la tabla de dobles dobles en la historia de la NBA.
Del
final también hay que rescatar la manera en que Derrick Rose ganó el partido. En
sus primeros dos partidos tras la lesión, el base de Chicago no jugó el último
cuarto, pero Thibodeau consideró que Rose estaba preparado, y el 1 de los Bulls
aprovechó la oportunidad para sellar el triunfo de Chicago, que le permite
seguir peleando por la tercera plaza del Este.
| Pau Gasol lanzando un tiro libre. Acabaría con 8 de 11 desde la personal |
El
partido había acabado con victoria de los Bulls por 114-107, pero el día ni
mucho menos había terminado. Tocaba bajar a la sala de prensa, donde Tom
Thibodeau haría balance del partido. Lo más destacado, que a partir de ahora
usaría más a Nikola Mirotic en el puesto de alero. Personalmente, creo que es un
error. Niko rinde mucho más jugando de ala pívot. Ahí están los números para
comprobarlo. Pero el que decide es Thibodeau, así que Mirotic deberá jugar de 3.
Era el turno de ir a los vestuarios, el santuario de los jugadores. Me sorprendió la
facilidad con la que los jugadores se pasean por allí con una toallita como
única prenda de ropa.
La
taquilla más concurrida era la de Derrick Rose, el héroe local, que había
vuelto a jugar a gran nivel. Con tranquilidad estuvo respondiendo durante más
de diez minutos a todas las preguntas que le formulaban. Mientras hablaba
D-Rose, Pau Gasol salió de una pequeña sala y se fue a su taquilla. Para mi sorpresa,
nadie iba a preguntarle, así que me acerqué: Pau, ¿puedo hacerte unas preguntas
rápidas? Sin problema, dijo él, y riéndose añadió: pero cuando me duche, crack.
A la sonrisa añadió una palmada en mi espalda como diciendo: se nota que eres
nuevo.
Diez minutos más tarde, después de atender a la prensa norteamericana, nos atendió muy amablemente a los cuatro periodistas hispanos que allí estábamos. Incluso bromeó con alguno de ellos antes de despedirse hablando del empate del Barça de fútbol en campo del Sevilla. Ahora sí, tocaba volver a casa, pero para cerrar el día, había que pisar el parqué del United Center.
| D-Rose atendiendo a la prensa |
Diez minutos más tarde, después de atender a la prensa norteamericana, nos atendió muy amablemente a los cuatro periodistas hispanos que allí estábamos. Incluso bromeó con alguno de ellos antes de despedirse hablando del empate del Barça de fútbol en campo del Sevilla. Ahora sí, tocaba volver a casa, pero para cerrar el día, había que pisar el parqué del United Center.
El
próximo capítulo de esta genial aventura será el miércoles, cuando los Chicago
Bulls recibirán a los Atlanta Hawks en el último partido de la temporada
regular. Pero para eso todavía faltan unos días.
No
quisiera cerrar este post sin agradecer a los compañeros de Tirando a Fallar la oportunidad que me han dado. No ha sido nada fácil llegar hasta aquí, y mucho
menos conseguir una acreditación para los partidos. Quien también se portó de
lujo fue Teresa, periodista del Marca. Dentro de esta maravillosa locura que es
la NBA, y en concreto el United Center, ella me guió por los entresijos del
pabellón para llegar siempre a tiempo a los lugares que había que ir. Y por
supuesto, a mis padres, ya que sin ellos, este sueño americano nunca se hubiese
cumplido.
Así me gusta!! Me alegro de que ya lo hayas conseguido! Te iré siguiendo por aquí, pues!
ResponderEliminarAhora a aprender al máximo y a disfrutar de la experiencia.
Un fuerte abrazo!
Grande Raul!!!
ResponderEliminarUn fuerte abrazo y sigue luchando por tus sueños y agradeciendo a quien te ayuda. Llegarás donde te propongas.
Enhorabuena Raul! Por los sueños cumplidos y por todos los que te quedan por cumplir!!
ResponderEliminarEl sueño solo ha hecho que comenzar. Lo bueno está por llegar.
ResponderEliminarEnhorabuena Raúl. Excelente comentario de un partido que nunca olvidarás.
ResponderEliminarQuina enveja nano... qui pogués ser a Chicago!!! Oh wait... :P
ResponderEliminarEnhorabona crack, aquest és el primer de molts!
Estima el teu ofici,
ResponderEliminarla teva vocació,
la teva estrella,
allò pel que serveixes,
allò en què realment
ets un entre els homes,
esforça’t en el teu quefer
com si de cada detall que penses,
de cada paraula que dius,
de cada peça que poses,
de cada cop de martell que dones,
en depengués la salvació de la humanitat.
Perquè en depèn, creu-me.
Si oblidant-te de tu mateix
fas tot el que pots en el teu treball,
fas més que un emperador que regeix
automàticament els seus estats;
fas més que el qui inventa teories universals
només per satisfer la seva vanitat,
fas més que el polític, que l’agitador,
que el que governa.
Pots desdenyar tot això
i l’adobament del món.
El món s’adobaria bé tot sol,
només que cadascú
fes el seu deure amb amor,
a casa seva.
JOAN MARAGALL